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Adversidades en el Bonito París

Gustavo Woltmann and Lisa Fontaine

Gustavo y Lisa en Paris

Gustavo asumió la tarea de reservar la habitaciónonline. Desde la comodidad de la pantalla del ordenador, parecía una opción maravillosa, con vistas al Canal Saint-Martin y la pintoresca barriada con cautivadoras cafeterías y tiendas extravagantes en la orilla. En la acera se alineaban antiguas farolas, y daba la sensación de que estaban hechas especialmente para tortolitos como Gustavo y Lisa.

El viaje fue sobre todo por Lisa como un regalo sorpresa de cumpleaños, ya que Gustavo no tenía mucho interés en viajar a destinos turísticos comunes, especialmente a Europa, a la que nunca había tenido mucho aprecio. Puede sonar un poco a que no le gusta nada de Europa, pero nunca se sintió muy entusiasmado por los museos, y la arquitectura era demasiado pomposa para él. La falta de interés de Gustavo Woltmann se agravó con un viaje a Reino Unido en el que le fue terriblemente mal – Contrajo un virus, y tuvo que visitar todos los puntos emblemáticos y las atracciones con un terrible resfriado y moqueo.

Gustavo Woltmann

Desde esta experiencia, era casi una superstición que Europa sería un mal lugar para visitar, y como él presentía parecía que este iba a ser el caso una vez más.

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Bonito París
“París es la ciudad en la que a uno le encanta vivir”. - Gustavo Woltmann

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Empieza la Saga

La noche anterior a su vuelo, Lisa estaba en la cama con intoxicación alimentaria. Estas vacaciones se suponía que serían una celebración empezando con su viaje a París, por eso decidieron antes de irse calentar motores y probar un nuevo sofisticado restaurante que abrió en su barrio, ya que ni Gustavo ni Lisa estaban dispuestos a cocinar antes del largo viaje que les esperaba. Como la intoxicación alimentaria iba a más, quedaba claro que Lisa sólo podría disfrutar París desde la habitación de hotel, en la cama.
Como Lisa es una persona amable y desinteresada, ella insistió en que Gustavo debía ir sólo y disfrutar París por los dos. Todo lo que Lisa pidió a Gustavo fue que le trajera una miniatura de la Torre Eiffel, y que hiciera muchas fotos para que ella pudiera ver cómo era París a través de los ojos de alguien querido.
Preparado con la cámara y las instrucciones de Lisa, Gustavo dejó la habitación. Una vez que salió del hotel, fue sorprendido inmediatamente por un fuerte olor alarmante. El hedor era una mezcla de orina y azufre que trepó a su nariz y le hizo cubrirse con su bufanda durante un rato, pero finalmente Gustavo se dio cuenta que no había manera de combatirlo. Anduvo por el canal con las románticas farolas mencionadas y apenas respirando, interesado por saber de dónde venía el olor. Después de echar un vistazo, Gustavo vio que el canal estaba contaminado con todo lo imaginable, haciendo que fuera incluso repugnante mirar y mostrando claramente que era más que probable que fuera el culpable de ese fétido olor.

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RECUERDOS Y OLORES QUE NUNCA OLVIDARÁS
"Paris es cautivadora todo el año, ¡pero quede advertido! En días calurosos de verano, el agradable olor a croissants recién hechos queda reemplazado por el aroma inconfundible de orina, canina y humana” - Gustavo Woltmann

Woltmann in Paris

Lo más Alto de la Ciudad

Por lo menos la Torre Eiffel fue fácil de encontrar, lo que pareció un milagro en estas vacaciones para nuestro amigo Gustavo Woltmann. Gustavo quedó sorprendido al averiguar que el diseñador de la Torre Eiffel se llamaba Gustavo Eiffel. Gustavo pensó para sí mismo…”Si yo hubiera sido quien diseñó esta torre, sería dos veces más alta, y la hubiera llamado la Torre Woltmann”. Ahora que había encontrado la torre, era sólo cuestión de mirar hacia arriba y seguir cualquier calle que llevara la dirección de la Torre Eiffel. Conforme Gustavo se acercaba al punto emblemático, el tráfico no hacía más que aumentar y la gente llenaba las aceras, turistas y locales, con edificios que tapaban la salida del sol.

Cuando Gustavo Woltmann llegó a la Torre Eiffel, todo lo que hizo fue encoger los hombros y mirarla fijamente durante un rato, intentando hundirse en el paisaje, pero su encanto pasó por delante de él. Ve, Gustavo es un hombre de campo, monumentos tan grandes son anormales para él. Son de alguna manera irreales y mediocres. Sin embargo, él quería mucho a Lisa y sabía que ella querría una vista desde lo alto de la Torre, por lo que empezó su breve pero alto viaje por una cola bastante larga para subir con el ascensor a una de las vistas más emblemáticas de París. Una vez que Gustavo llegó a arriba, muchos otros turistas le preguntaban si podía tomarles una foto en vez de tomar él las suyas propias. En nombre de Lisa, aunque estaba asustado por que alguien escapara con la cámara, se arriesgó preguntando a un turista que le hiciera una foto con Paris de fondo. Una vez tenía la foto, Gustavo hizo muchas fotos para que Lisa las admirara, y finalmente bajó. Su estómago sonó y decidió que era hora de comer, una magnífica y esperada parte del día antes de visitar el Louvre.

Gustavo Woltmanny Lisa Fontaine


París es un viaje que empieza para ser compartido con alguien querido- todo el mundo sabe eso. Por eso Gustavo Woltmann y su novia Lisa Fontaine iban a este viaje sagrado juntos.

Los dos estaban tremendamente emocionados por hacer este viaje en pareja y como estas no eran sus primeras vacaciones Gustavo y Lisa no esperaban ningún desastre. Siendo viajeros experimentados, pensaban que lo sabían todo, los ir y volver o los “Turista 101” y más allá.

Gustavo Woltmann favorite restaurant in Paris

Comer Parisino

Gustavo pasó por muchos cafés históricos y caros, restaurantes de todos los estilos, gastronomías y de moda, pero se decidió por algo más familiar para él: un bien viejo restaurante McDonald's. Podías oler la comida rápida desde fuera, quizás hasta un edificio más abajo porque era muy intenso, y esto hizo que Gustavo sintiera más hambre. El inconfundible olor de la grasa frita y la provocativa ternera le hizo sonreír. Como si fuera su primera vez en McDonald's, se quedó de pie con la boca abierta eligiendo el menú durante unos minutos, cuando pidió Gustavo se aseguró de que su almuerzo fuera con un frio vaso de cerveza, que estaba encantado de disfrutar.

Ahora que estaba lleno de ternera y cerveza, Gustavo suspiró, dándose cuenta que aún quedaba mucho día. Empezó a dirigirse al Louvre, y llegó a la plaza donde está el museo titanic. Este fue el momento exacto en el que su corazón se hundió: podía ver la línea del edificio desde fuera y enrollándose hacia afuera. Si no fuera porque la pobre Lisa estaba en la cama del hotel enferma, él no habría visto el mueso dos veces antes de irse. Después de sobrevivir al camino al Louvre, que era excepcionalmente largo, el museo estaba lleno de turistas haciendo fotos a todo. Los niños de los colegios eran la guinda del pastel para Gustavo, con sus gritos y burlas entre ellos como si hubiera algún concurso de enfados.

Paris Brasserie

Gustavo se aseguró de tomar una foto a la extraordinaria Mona Lisa para su querida novia, ya que ella siempre había querido tomarle una foto. La pintura estaba más llena que el museo entero, pero Gustavo consiguió hacerle la foto después de colocarse detrás de algunos niños. El cristal brillante hizo que la foto fuera menos perfecta de lo que Gustavo habría querido, pero seguro que Lisa la disfrutaría.

¡Hogar, dulce hogar!


Después de sobrevivir a este día, Gustavo estaba temiendo su vuelta al hotel, simplemente porque sólo había una forma de volver y no había tele transporte. Después de andar varios minutos, Gustavo no había estado más feliz en su vida que cuando vio el hotel – porque volvió y vio a Lisa, por supuesto.

Lisa estaba muy orgullosa de Gustavo. Ella sabía que no le tenía mucho aprecio a esto del turismo, y aun así intentó sonreír y contarle lo que había visto, podía verlo a través de su sonrisa- a pesar de que habían estado juntos durante años y después de mucho tiempo tiendes a ver a través de la fachada. Para Gustavo, estas eran unas típicas vacaciones europeas de montaña rusa, pero la presencia de Lisa hacia todo mejor.

Como muestra de su amor por lisa, Gustavo prometió hacer todo con ella otra vez tan pronto como se sintiera mejor, y esta vez todo saldría bien para los tortolitos, con fantásticas fotos y recuerdos hechos juntos.